(VERSIONES TAQUIGRAFICAS - CONSEJO DE ESTADO)
Querido compañero Erich Honecker;
Queridos compañeros de la Dirección del Partido y del Gobierno de la RDA:
Vamos a ver si entre el intérprete y yo podemos hacer un trabajo correcto. Es la primera vez que trabajamos juntos.
Cuando nosotros iniciamos nuestro recorrido por
varios países de Africa, en realidad no habíamos planificado hacer una
visita a la RDA.
Recorrimos el Africa y dimos una larga vuelta por
toda la región, conversando con los dirigentes revolucionarios,
observando la situación en todas partes, la lucha entre el imperialismo y
el mundo subdesarrollado, la lucha entre el capitalismo y el
socialismo, la lucha entre la opresión y la libertad, la lucha entre la
discriminación y la igualdad.
El marxismo-leninismo y el socialismo se estudian en
los libros. Yo mismo empecé a tener las primeras ideas sobre el
marxismo- leninismo en los libros, pero también en la vida, recorriendo
un poco el mundo, se aprende mucho sobre el marxismo-leninismo y sobre
el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo. En realidad, en
este viaje por Africa he aprendido mucho sobre estos temas. Desde luego
que no visité países reaccionarios o neocolonialistas o racistas; visité
países progresistas que luchan por transformaciones sociales, y países
revolucionarios árabes y del Africa negra.
Marx investigó y escribió cosas muy brillantes, pero
incluso las posibilidades revolucionarias que Marx analizó son más
brillantes de lo que tal vez el mismo Marx previó. El concebía el
socialismo como el resultado natural de las leyes de la evolución de la
sociedad humana, con posterioridad al desarrollo de la sociedad
capitalista.
Lenin, que estudió e interpretó profundamente el
pensamiento de Marx, añadió la idea brillante de que muchos pueblos
subdesarrollados no tenían que pasar necesariamente por la etapa
capitalista para construir el socialismo.
Y hoy estamos viendo ese fenómeno en el mundo: países
que están pasando directamente del subdesarrollo a la construcción del
socialismo. Algo más: países que están pasando del tribalismo a la
construcción del socialismo, países que están pasando del nomadismo a la
construcción del socialismo. Y estos son fenómenos verdaderamente
interesantes, que enriquecen nuestra doctrina y nuestra práctica.
Pero también vimos todo lo que significó el
capitalismo, el colonialismo y el imperialismo para una gran parte de la
humanidad. Hemos visto esos pueblos que vivieron bajo el colonialismo y
su situación actual: una pobreza increíble, un atraso tecnológico
extraordinario, el analfabetismo, el desempleo, las enfermedades, sobre
todo las enfermedades. Nadie sabe el tanto por ciento de niños que
mueren en el primer año de vida, no hay estadísticas; puede ser cinco
veces, siete veces, diez veces más de los que mueren en un país
desarrollado. La malaria, la desnutrición, la tuberculosis, todo tipo de
enfermedades contagiosas y carenciales prevalecen en el Africa.
En muchas ocasiones se observa un fenómeno extraño:
no se ven viejos en Africa. Los seres humanos no llegan a viejos en
Africa. Preguntamos: ¿médicos? Un médico cada 40 000 habitantes, 50 000 ó
más. No tienen técnicos, ni ingenieros, ni profesores, en muchas
ocasiones ni obreros calificados. No tienen universidades, o en las
universidades hay 1 000 estudiantes, 1 500.
Nosotros mismos, los cubanos, que nos consideramos un
país subdesarrollado, ya tenemos 105 000 estudiantes universitarios y
prácticamente un médico por cada 1 000 habitantes.
Ese es el cuadro que tenemos en Africa, especialmente
en Africa negra, que en el mundo actual es la región donde el ser
humano vive en las peores condiciones.
Es verdaderamente indignante ver que el capitalismo,
el imperialismo, después de la independencia, trató de establecer allí
el neocolonialismo; el intento de desarrollo capitalista, el intento de
controlar los recursos naturales a través de los monopolios.
Por ese camino los pueblos del mundo subdesarrollado
no tendrán ninguna solución. ¿Cómo puede resolverse el problema del
analfabetismo, de las enfermedades, de la pobreza, del subdesarrollo,
del atraso tecnológico, a través del capitalismo en esos países?
Y los pueblos de estas regiones del mundo empiezan a
comprender esto con mucha claridad. Y una parte de los gobiernos del
mundo subdesarrollado comprenden estos problemas y trabajan
progresivamente por los caminos del socialismo.
En algunos países de esta región no se ha logrado
siquiera la independencia. El racismo, unido al capitalismo y al
imperialismo, oprime todavía a decenas de millones de personas. En
Zimbabwe, 250 000 racistas explotan y oprimen a 6 millones de africanos;
en Africa del Sur 2 millones y medio de racistas oprimen y explotan a
casi 20 millones de africanos. Una situación similar tenemos en Namibia.
De modo que en la zona que nosotros recorrimos
existen dos grandes problemas políticos. En el mundo árabe, la
intervención imperialista, la lucha contra los movimientos progresistas,
la agresión a través del Estado israelita, para todo lo cual el
imperialismo cuenta con la complicidad de gobiernos reaccionarios, con
Arabia Saudita e Irán a la cabeza. y en el Africa austral, el
colonialismo y el racismo, fenómenos que subsisten por el apoyo
imperialista a los racistas y la complicidad de gobiernos
neocolonializados de Africa. Pero en ese continente se lucha. Lo comparo
con la América Latina. En América Latina el imperialismo creó una
oligarquía, una burguesía reaccionaria en muchos países; entrenó y
organizó ejércitos reaccionarios, y mantiene un dominio férreo.
Afortunadamente Africa, por regla general no cuenta con ninguna
burguesía; tratan de crearla, pero yo pienso que será absolutamente
imposible. Es posible que los países de Africa pasen al socialismo
primero, incluso, que los de América Latina.
Hemos tenido oportunidad de observar la situación de
esa región del mundo y sacar muchas impresiones. Desde luego que
nosotros no tenemos una actitud contemplativa; nosotros tenemos una
actitud militante. Tuve la satisfacción de ver a técnicos cubanos y
médicos cubanos en numerosos países de Africa, compañeros trabajadores
abnegados, verdaderamente revolucionarios. Ese es un producto del
socialismo. En nuestra patria antes de la Revolución no teníamos
médicos para enviar al interior del país, la mayoría vivía en la
capital; muchos tenían una concepción burguesa, eran producto de la
sociedad capitalista. Igual ocurre en América Latina.
Nunca olvidaré una experiencia personal que tuve en
mi visita a Chile durante el gobierno de la Unidad Popular. Llegamos a
una ciudad importante de más de 100 000 habitantes, en una región donde
se producen las principales riquezas del país. Entonces, las
autoridades me pidieron un número de especialistas, especialistas en
niños, especialistas en garganta, en ojos, en cirugía, etcétera. Eran 27
en total. Nosotros les dijimos que estábamos dispuestos a enviar esos
especialistas, pero al final no pudieron ser enviados. La organización
médica burguesa de Chile se oponía, porque veía en eso una especie de
competencia profesional; y no pudimos enviar los especialistas que nos
pidieron en Antofagasta.
En América Latina los países capitalistas
neocolonializados tienen universidades; producen técnicos, algunos
ingenieros, algunos médicos. Los mejores cerebros o las mejores
inteligencias son contratadas por Estados Unidos, son arrebatados a los
países, y muchos profesionales burgueses que se forman en las
universidades ni siquiera pueden ser utilizados en las áreas rurales del
propio país. Entre los campesinos no hay profesionales, no hay
médicos.
Cuando triunfó la Revolución en Cuba la mitad de los
profesionales universitarios se fueron para Estados Unidos. Eso es lo
que produce la sociedad burguesa. Por eso para nosotros fue motivo de
satisfacción no solo saber que tenemos ya muchos más médicos que en el
capitalismo; hoy tenemos médicos, técnicos y profesores que no solo van
al campo de Cuba, sino que son capaces de ir a Yemen, a Tanzania, a
Somalia, a Mozambique, a Angola, a cualquier país de Africa. Ese es un
resultado del socialismo y de la conciencia internacionalista que el
socialismo forjó en el pueblo.
Yo tuve la oportunidad de conversar con muchos
compatriotas nuestros en Africa. Recuerdo hace unos días que me reuní
en Luanda, Angola; me reuní con 2 500 cubanos, militares y civiles.
Aquello parecía una escena irreal, extraña. Hace 20 años habría sido
imposible. Hace 20 años el cubano se caracterizaba por el
individualismo, cada uno para sí, el egoísmo mezquino del capitalismo;
después del individuo venía la familia, una familia burguesa o el
concepto burgués de la familia; después venía la nación. Con el
socialismo en nuestro país hemos ido erradicando el individualismo
egoísta; hemos ido rebasando el sentido egoísta de la familia, el
concepto egoísta de la familia burguesa. Ya toda la nación constituye
una gran familia con un profundo sentido fraternal y humano. Y ya
estamos superando el egoísmo nacional. Nos dolía antes que un niño
cubano sufriera, que pasara hambre, que fuera analfabeto, que estuviera
enfermo. Y ya nos duele también cuando vemos un niño africano o
asiático enfermo, hambriento, ignorante.
En dos palabras, nos estamos convirtiendo en
internacionalistas. Eso no es fácil, no es realmente fácil. Hay mucho
egoísmo burgués, mucho veneno sembrado en el ser humano por el
capitalismo, el colonialismo y el imperialismo. Yo observo que nuestros
compatriotas se transforman en internacionalistas.
Mientras más meditamos sobre estos problemas, más
admiramos la profunda sabiduría y el carácter extraordinariamente
revolucionario de las ideas de Marx y de Engels. Antes de Marx y de
Engels, los que pensaban en la hermandad humana, en la justicia entre
los hombres, por simples razonamientos de la mente o sentimientos del
corazón, eran los utopistas. Después de Marx y Engels, que analizaron
la historia de la sociedad humana y su evolución sobre base científica,
los utopistas tuvimos oportunidad de convertirnos en revolucionarios. Si
el compañero Honecker hubiera nacido hace 500 años, habría sido
utopista.
Ustedes y nosotros tuvimos el privilegio de nacer
después de Marx, de Engels y de Lenin. El revolucionario es una síntesis
de la sensibilidad humana, del sentimiento natural de rechazo a la
injusticia y a la opresión, con la filosofía científica del
marxismo-leninismo. Yo mismo, antes de ser marxista, era utópico. Me
parecía que aquella sociedad capitalista era un disparate completo,
absurdo. Y cuando siendo estudiante leí el Manifiesto Comunista, empecé a
dejar de ser un socialista utópico para ser un socialista marxista. No
sé bien todavía cuánto me queda de utopista y cuánto tengo de
marxista-leninista, quizás sea incluso un poco soñador. Pero veo claro,
muy claro, que nuestro mundo no tiene solución sin la revolución, sin el
socialismo, sin el marxismo-leninismo (APLAUSOS). Mientras más madura
mi conciencia política, más admiro a Marx, porque él vio la solución con
el corazón, con la inteligencia, con la ciencia y con la conciencia. y
veía la humanidad futura como una sola familia, y los recursos naturales
del mundo al servicio de toda la humanidad, y la ciencia y la técnica
de los países más desarrollados volcarse hacia los más atrasados y
pobres para crear condiciones de progreso, de bienestar y de justicia
para toda la humanidad.
Nos gusta recordar la historia de los últimos
tiempos, y en realidad la humanidad ha dado un salto gigantesco desde la
gloriosa Revolución de Octubre, cuyo 40 aniversario se cumplirá muy
pronto.
Durante 60 años el mundo ha avanzado más que durante
miles de años. La sociedad humana conoció la esclavitud, el feudalismo,
el capitalismo, el colonialismo, el imperialismo. ¡Y cuántos crímenes se
cometieron contra el hombre hasta fecha muy reciente!
Los países colonialistas europeos conquistaron a
América, exterminaron una gran parte de su población, después trajeron
millones de esclavos de Africa y mantuvieron colonizada una gran parte
del mundo hasta hace unos años. ¡Cosas absurdas, increíbles! Por
ejemplo, ¿por qué Portugal, que es un apéndice pequeño de Europa, quería
mantener y mantuvo hasta muy recientemente millones de kilómetros
cuadrados en Africa y decenas de millones de africanos oprimidos?
Cuando pasé por Argelia, antes de llegar a la RDA,
tuve oportunidad de participar en la Primera Asamblea Nacional de ese
hermano país. El presidente Boumedienne pronunció un discurso sabio,
inteligente, de contenido socialista, hablando de los planes de
desarrollo de Argelia y de las brillantes perspectivas de su pueblo.
Hablaba en árabe, y yo tenía una copia del discurso en francés. Yo no
domino el francés; sí lo leo, y si se trata de cosas políticas lo
entiendo, pero aquel auditorio lo que entendía era el árabe. Yo veía
estas diferencias de cultura, de idioma, de tradiciones, y recordaba que
después del triunfo de la Revolución Cubana, que fue relativamente
reciente, escuchábamos las noticias de la guerra en Argelia.
Los colonialistas franceses mataron un millón y medio
de argelinos, porque decían que Argelia era una provincia francesa. Y
me pregunto: ¿qué tiene que ver Francia con Argelia? ¡Y mataron un
millón y medio de argelinos para mantener esa colonia en Africa. Cosas
increíbles, absurdas, que ocurrieron hasta épocas muy recientes.
Después de la Revolución de Octubre enormes cambios
han ocurrido en el mundo, pero la tarea que tenemos por delante es en
realidad grande. Si lo que el hombre hizo hasta hoy es mucho, lo que
tendrá que hacer en el mañana es mucho más. Tenemos al imperialismo, al
neocolonialismo y al capitalismo todavía en una gran parte del mundo, y
tenemos el deber de seguir luchando por la transformación de la
sociedad humana por los caminos correctos, los caminos revolucionarios, a
la vez que preservamos la paz, para evitar que en su desesperación el
imperialismo prefiera destruir la humanidad antes que ver el triunfo de
la justicia en nuestro planeta.
Nosotros tenemos una actitud militante por el
socialismo y contra el imperialismo. Nuestro país es un país pequeño, de
limitadas fuerzas y limitados recursos; pero consideramos nuestro deber
luchar, consideramos nuestro deber cooperar en esta lucha.
Hay ya cubanos en Asia, en Africa, trabajando,
brindando su modesto aporte. No lo hacemos por razones de prestigio
nacional, no lo hacemos por la vanidad de jugar un papel en la vida
internacional; lo hacemos porque sentimos el internacionalismo.
Vivimos en el hemisferio americano. Hemos conocido
el dominio, la opresión y la corrupción del imperialismo. Vemos a la
América Latina oprimida por el imperialismo, y sentimos profundamente la
necesidad de luchar contra ese sistema; lo experimentamos de cerca.
Ustedes, los amigos de la RDA, lo comprenden muy
bien, porque están aquí también al lado del imperialismo y del
capitalismo; y además, porque sentimos y tenemos la concepción
revolucionaria, nos inspiramos en los principios del marxismo-leninismo.
Por eso en nuestro recorrido, aunque no teníamos
incluida a la RDA, ya al final de nuestro viaje, que concluirá
lógicamente en la URSS, dije: ¡vamos a hacerle una visita a la RDA!
(APLAUSOS)
Esto no es casual ni accidental. Ustedes en Europa
están en la primera línea del campo socialista, ustedes fueron
bloqueados durante muchos años, el imperialismo trató de aislarlos igual
que a Cuba; y ustedes, igual que nosotros, han desarrollado una
conciencia militante contra el imperialismo; ustedes, igual que
nosotros, se preocupan mucho por todos estos problemas del Africa y el
Asia, del llamado Tercer Mundo. Nosotros lo sabemos, lo palpamos, y por
eso dijimos: nos agradaría contarles nuestras impresiones a los
compañeros de la RDA y al compañero Honecker, conversar con ellos al
final de este recorrido por Africa (APLAUSOS).
En realidad, no me gusta molestar. Yo le envié un
mensaje al compañero Honecker con la idea de realizar una escala casi
técnica, una visita de trabajo. Yo no sé si el intérprete no tradujo
bien allá en Argelia, yo no sé si las claves estaban equivocadas, yo no
sé lo que pasó. Ustedes, mi visita de trabajo la convirtieron en una
visita oficial, y por mi culpa han molestado a los berlineses y han
movilizado a los dirigentes un sábado y un domingo.
Cuando en algunos países de Africa, en Dar Es Salaam,
en Luanda, yo sudaba mucho —y sudar no es malo, es un mecanismo
fisiológico para equilibrar la temperatura exterior con la temperatura
interna—, me decían:
—¿Usted no tiene calor?
—Si, tengo calor, pero no se olviden que no vengo de la península escandinava; yo vengo de un país tropical.
Cuando estaba llegando aquí, me aconsejaban: ponte el
abrigo. Yo dije: el frío no me hará nada. Pero el protocolo me preguntó
si quería ir en un carro cerrado o en un carro abierto. Me dije a mí
mismo: ¿qué será más difícil, más sacrificado, ir en un carro abierto? Y
fui en un carro abierto. Pero ahora yo me doy cuenta que el compañero
Honecker sí creía que yo venía de un país escandinavo. ¡Por poco me
congelo en ese viaje por Berlín!, y únicamente me animó, me estimuló y
me dio fuerzas el cariño, la amistad y la fraternidad de los berlineses
(APLAUSOS).
Queridos compañeros de la RDA:
He tenido oportunidad también, en esta ocasión, de
ver cuanta confianza sienten los países subdesarrollados, los países de
Africa, estos países que vivieron bajo el colonialismo, cuanta confianza
sienten hacia el campo socialista y en especial hacia la Unión
Soviética. Ellos saben que en su lucha contra el imperialismo, el
capitalismo y el neocolonialismo, solo tienen una esperanza, solo tienen
un amigo, solo tienen un grupo de Estados de los cuales esperar la
colaboración en todos los terrenos: la comunidad socialista, con la
Unión Soviética al frente.
Yo decía que tal vez soy todavía un poco utópico y un
poco soñador; pero también soy optimista, y la vida me ha enseñado a
ser optimista. Tengo confianza en el futuro del mundo. Triunfará la
justicia, triunfará el socialismo, triunfará la paz, y algún día serán
realidad universal las ideas luminosas de Marx, Engels y Lenin. Ya esas
ideas han triunfado en una parte importante del mundo, y son la base y
el ejemplo para el resto de los pueblos.
Y si alguno de los que han tenido la amabilidad y la
paciencia de escucharnos esta noche siguieran pensando que yo soy un
poco utópico, no olviden que en esta tierra nacieron Marx y Engels, y
que una gran parte de sus sueños se ha cumplido ya.
¡Muchas gracias!
(APLAUSOS)